Viernes, 03 Junio 2016 16:38

RASTROS DE UNA ETNIA DESTROZADA E INVISIBLE

Escrito por Miguel Villanueva Vargas/ Estudiante Licenciatura Ciencias Sociales Universidad de la Amazonia

Se hará un recorrido secuencial de la historia de una etnia que cada día va perdiendo sus raíces, su cultura y tradiciones como consecuencia de la violencia reinante en Colombia y las ansias de poder de la clase dirigente a cualquier costo.

La etnia Tama del gran Tolima, pueblo indígena (colombiano)  que ha sido víctima del conflicto a nivel histórico, es una etnia que junto con los Andaquí y Mocoanos, fueron unos de los que formaron resistencia a la colonización española, pero esto no fue impedimento para que muchos de los indígenas fueran esclavizados y obligados a trabajos forzados, como también a cumplir con otras funciones de importancia para los colonos, esto llevo al desplazamiento de muchos de ellos hacia otras tierras en busca de subsistencia y paz.

 Durante años y debido al problema de la colonización, gran parte de la etnia Tama y otros, se fueron adentrando en la selva Caquetense abriendo camino por las laderas del Rio Caguán, de esta forma siguieron recorriendo el territorio hasta llegar al Rio Caquetá y luego por el Rio Peneya donde se asentaron y formaron su tribu y toda su organización como población indígena.

Mapa:Tribus indigenas antes de la conquista, territorio actual del Huila.

Esta población estuvo conformada, con su sistema social, político y económico propio. Aunque no debemos desconocer que sus rasgos culturales y religiosos ya habían sufrido transformaciones debido al contacto primigenio y las influencias de diferentes forasteros, tales como frailes, quineros, caucheros y demás, que contribuyeron a la colonización caquetense. Entre los años 1980 y 1990 se conformó como resguardo indígena.

Este resguardo tenía sus tradiciones propias:

Las mujeres se encargaban de casa, las artesanías, y la domesticación de animales mientras que los hombres hacían lo propio con la caza, la pesca y la agricultura.

El resguardo era dirigido por una persona mayor, quien poseía el conocimiento de su cultura y antepasados, el mismo jefe del clan era quien presidia todos los eventos religiosos, políticos y culturales. Sus casas eran chozas redondas, cada familia tenía su propio espacio, luego de los años 80 su economía ya no era comunal y todas las familias Vivían de lo que producían.

Este resguardo indígena ubicado a las laderas del rio Peneya, propiamente en la vereda Puerto Naranjo jurisdicción del municipio de Solano Caquetá, fue el escenario de la historia de Omaira Valencia Márquez (Tama) y Edilberto Lazo (Andaqui), quienes vivieron la violencia en todo su rigor durante los años en que la sangre colombiana mancho todo este territorio.

De esta manera y siendo muy pequeña Omaira Valencia vivió la guerra que se presentaba en nuestro territorio, ya que las Fuerzas Armadas Revolucionarias (Guerrillas) en su época, y con el afán de obtener poder e influencia en todo el territorio colombiano, secuestraba mujeres y obligaba a jóvenes a unirse a la filas que sostenían esa guerra devastadora, Omaira no fue la excepción ni los miembros de su resguardo, pues tenía dos hermanos, uno de ellos que se opuso en el momento que le hicieron el llamado, fue torturado y masacrado delante de la población. Al ver estos hechos y con sentimiento desgarradores en su pecho y aún más con la impotencia de no poder hacer nada, Omaira Valencia quedo con sus padres y hermano en el resguardo,  lamentando lo sucedido,  queriendo explicarse el porqué del accionar de esta organización pero nunca se puedo dar una respuesta coherente a todas sus preguntas.

Tiempo después se vieron inmersos nuevamente en la misma situación, pues ya llegaron por más hombres indígenas que fortalecerían sus tropas, pero no estando satisfechos, Omaira con 26 años fue violada en múltiples ocasiones al igual que muchas jóvenes de la población, ya que la que se opusiera a ellos,  se la llevaban amarrada y nunca más regresaba con su familia. Esto fue repetitivo hasta que Omaira se casa con Edilberto Lazo,  a los 28 años Omaira tiene su primer hijo al que llamó Carlos y es la pauta para que esta familia y esta población fuera superando estos episodios.

Para esta familia llegaría la felicidad en todo su esplendor en los años 90 cuando nace Huber. En el 92 nace Giroke, en el año 94 nacen Jutse y Melia, todos esos años de inconvenientes y recuperación social pero también de mucha felicidad por la ausecia del terrorismo. Pero no siempre fue así, en el año 2001 nace Daniel el menor de todos. La población venía superando los duros golpes de la violencia hasta que llego ese amargo día para la familia Lozano Valencia 2 meses después de nacer su ultimo hijo, ya casi culminando el año 2001 llega nuevamente la desgracia de la guerra y esta vez a someterlos y a golpearlos con todo el rigor del momento. Ese 14 de octubre de 2001 llegaron las guerillas de las FARC  a reclutar no solo hombres, sino también a mujeres que tuvieran la condición física para pertenecer a las filas. Muchas familias huyeron hacia Florencia al igual que Omaira Valencia y su familia, pero con el alma desgarrada y destrozada porque su hijo mayor de tan solo 14 años fue secuestrado y obligado a unirse a este grupo criminal, esta población no resistió tanta violencia, pérdida de seres queridos y se radicaron en Florencia en la condiciones más precarias existentes, sin ninguna garantía del Gobierno Nacional, Departamental y local. Hoy por hoy se están organizando poco a poco ya en la zona urbana, apoyándose de múltiples maneras, y apoyando a quienes les dan una voz de aliento para mantenerse vivos en esta sociedad que solo les ha dejado perdidas y sufrimientos pero con la firme convicción y esperanza de cambiar las realidad de sus hijos para que no vivan nuevamente lo que vivieron.

Cuenta esta historia Omaira Valencia Marques, teniendo como objetivo la garantía de la no repetición, salir del silencio, que la reconozcan como víctima del conflicto armado y que le garanticen bienestar, educación para ella y sus hijos y que el mundo se entere de cómo afectan estas decisiones radicales a personas inocentes que solo tuvieron la dicha pero por estos hechos la desgracias de estar en este territorio. 

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