Viernes, 03 Junio 2016 09:13

UNA HISTORIA COMO MUCHAS DE LA DÉCIMA

Escrito por Rubén Darío Herrera Sánchez /Estudiante Licenciatura Ciencias Sociales, Universidad de la Amazonia

En Colombia se habla mucho de los acuerdos de paz, estos buscan como su nombre lo indica, la paz en el país. Darle un fin al conflicto armado que ha traído desgracia, ruina, miles de muertos, desaparecidos, algunos en el anonimato, discriminación, reclutamiento forzado, entre muchos factores más.

 La violencia en Colombia ha tocado a más de uno de manera directa o indirecta, es claro que esta no entiende de estratos, de género, si es niño o niña, si es una persona de la tercera edad, color de piel, indígena, aquí no se respeta nada, solo se busca la victoria de uno de los dos bandos. A veces sin darnos cuenta las personas que están dentro de nuestro círculo social han sido víctimas de la violencia, creemos que porque no vivimos en las zonas donde más se escucha hablar de violencia no estamos siendo afectados, pero esto es un grave error ya que todo lo que nos ocurra como personas o individuos nos afecta a todos, después de todos somos seres humanos, y debemos de estar unidos.

 Hace algunos días atrás conocí a una persona que vivió  de primera mano la violencia y el rechazo por parte de la sociedad. Ella es travesti y ha decidido compartir conmigo y con ustedes los lectores, su historia, dejando en claro que no quiere ser llamada por su verdadero nombre.

“Yo nací en un en san Vicente Del Caguán, en una vereda que se llama Balsillas. vivía en una finca con mis hermanos, mi mamá y mi abuela, a mi papa y a mi abuelo se los llevo la guerrilla. Un día llegaron y citaron a unas personas de la vereda y entre ellos mi papá y abuelo, los llevaron hasta un lugar del monte para adentro, ellos entraron pero nunca salieron. Esa fue la última vez que los vi con vida, no volví a saber de ellos, incluso hasta el día de hoy. En ese momento yo tenía 10 años y mis hermanos tenían 4 y 5 años, yo le ayudaba a mi mamá y a mi abuela en la finca, y pues cuidaba de mis hermanos. Cuando se llevaron a mi papá yo deje la escuela junto con mis hermanos, luego de un tiempo cuando pensamos que las cosas en la vereda estaban calmadas volvió la guerrilla y se estuvo un mes, en ese tiempo los dueños de las fincas les daban posada, comida y todo lo que necesitaran. Un día yo estaba en el  patio de la finca solo, mi mama había salido al pueblo con mis hermanos y mi abuela, así que me quede cuidando la casa. En horas de la tarde entro un señor de estos y me empezó a hablar, que a que me dedicaba, que si estudiaba, que si tenía papá. Conteste a cada una de las preguntas, después de una charla normal, el me empezó a tocar, pero con intenciones diferentes, no como un adulto acariciaría a un niño, ya luego de eso me toco los genitales, y me dijo que si gritaba me mataba y después a toda mi familia,  así que pues no hice nada, después de eso me llevo a un potrero cerca de casa y me tiro al suelo, yo intente resistir, pero no podía, entonces me pego en la cara y me dejo atontado, y no me podía mover solo ver lo que él hacía. Se empezó a quitar los pantalones y me arranco los míos, después de eso abuso de mí… que yo me acuerde fue más de una vez que el abuso de mí, luego de esto empecé a tener comportamientos que no son normales para un niño de esa edad, bueno digo normales porque así lo define la misma sociedad, empecé a ver a los niños de otra forma, sentía fijación por ellos, y empecé a ponerme la ropa de mi mamá a escondidas. A los 15 años tome la decisión de decirles a mi mamá y a mi abuela de mi situación, y me declare un hombre gay. El rechazo fue total.  A mi mamá le dio muy duro, y entonces me echo de la casa, … saque algo de ropa y me fui para el pueblo. Ya después de un tiempo en las calles empecé a prestar servicios sexuales, me  empecé a vestir como una mujer, me sentía como una después de todo, era una travesti, dure dos años en San Vicente, trabajando de esta manera, aunque al inicio fue muy duro por el rechazo de la gente, tu llegas a un lugar y no conoces a nadie, no tienes a donde llegar entonces te toca dormir en una banca del parque, en un andén, en algún potrero, pero conocí a una amiga que me dio la mano y me ayudo a salir adelante, y pues empecé a trabajar con ella,  ella me propuso que nos viniéramos a vivir a Florencia, entonces le dije que sí, llegue a Florencia cuando tenía 17 años. Entre las dos rentamos una pieza en la décima y pues comenzamos a trabajar en las esquinas, aunque tú no lo creas muchas de las niñas que trabajan en este lugar han sufrido por la violencia y el rechazo total por parte de su familia, yo me vi identificada con ellas. Pero cuando trabajas en esto estas sometida a constantes abusos de parte de los clientes y de la misma policía, yo he tenido que hacer cosas para que la policía de deje libre. He visto como roban, como apuñalan a alguien, he tenido que aguantar los comentarios de las personas que pasan por mi lado, comentarios muy ofensivos, que van desde marica…. hasta incluso de amenazas de muerte. Aún en mis 28 años de vida sigo trabajando en este medio porque no hay forma de que una empresa te contrate por ser diferente, además de esto no tengo estudios, no conozco otra vida que no sea esta, espero que en algún momento si pueda salir de esto y volver a ver mi mamá, a mi abuela a mis hermanos, hace mucho tiempo que no los veo imagínate desde los 15 años no los veo cuanto ha pasado 13 años ya. Pero si hay algo que realmente extraño es a mi papá y a mi abuelo, no sabes cuánto me gustaría verlos otra vez, siento que si me entregaran sus restos para darles una buena despedida y santa sepultura me quitaría mucho peso de encima, no sabes lo que es que te quiten a tu papá y a tu abuelo y nunca más los vuelvas a ver, que no te den información de ellos, que simplemente ellos son unos más en la larga lista de anónimos que se encuentran enterrados en fosas comunes… creo que mi historia no es diferente a la de muchos, tal vez unos han sufrido más que yo, pero lo que si te digo es que la violencia te marca, te hace ver las cosas de otra manera, y la sociedad actual no ayuda, cuando se habla de los Derechos de la Comunidad LGTBI pero en realidad esto es solo apariencia, para quedar bien, en realidad las personas no han dejado a un lado de ser opresoras, excluyentes, te señalan por lo que eres, y me duele ver esto, no veo que el cambio sea mucho, ojala que en algún momento abramos los ojos y vemos cuánto daño se causa a las personas con solo juzgarlas”.

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