Miércoles, 01 Junio 2016 17:14

DESTIERROS ANUNCIADOS

Escrito por Julián Puerta Arias/ Estudiante Ciencias Sociales Universidad de la Amazonia

En las siguientes dos historias de vida encontraremos una situación en común y es la guerra cruel que ha afectado directa o indirectamente las personas que menos tienen que ver en este conflicto, la guerra lo llama “daño colateral” pero nosotros entendemos que solo es tratar de tapar el sol con un dedo o justificar sus acciones infames. A petición de las personas entrevistadas usaremos un seudónimo para cada una de ellas y además por motivos de seguridad, ya que no queremos re-victimizar las personas sino que la intensión es divulgar estas historias de vida y contarle al mundo que no es una película de Hollywood sino apartes de la triste realidad colombiana.

 

 DOÑA MARTHA

A ella la llamaremos Martha. Ella, junto con su familia que la componen sus dos hijos y su esposo, vivían en su finca en un corregimiento de Solano Caquetá, había estabilidad económica e incluso tenían muchos trabajadores, eran días de tranquilidad y de abundancia, no tenían que comprar ni la comida ya que el campo les daba todo como por ejemplo las frutas de los árboles, las carnes de monte, el pescado, la crianza de cerdo, la gallina, las verduras eran sembradas allí mismo, entre otras, se vivía como en un paraíso, entre vecinos se compartían todo hasta la comida, como lo dice ella “se vivía rico”, ella afirma que en ese territorio se encontraban presente tribus indígenas conocidas como los Coregűajes, con los cuales también había buena convivencia y ellos compartían con la comunidad parte de su cultura y tradición.

Los hijos de doña Martha estudiaban pensando en un futuro mejor y sus padres les brindaban su apoyo. Mientras ellos se dedicaban a su finca también lograron establecer un negocio que les pudiera aportar un apoyo económico, sin embargo, no todo sería color de rosa, pasaría lo inesperado porque a pesar que había presencia de grupos armados nunca se había presentado ningún inconveniente, es así como un integrante de estos grupos tomó la decisión de desertar de estas filas y se entregó en una base militar cercana al lugar, esto generó que los militares ingresaran a este corregimiento con información aportada por el mismo miliciano. Doña Martha afirma que de repente rodearon el lugar y todo quedó en silencio, muchos de los integrantes de estos grupos al margen de la ley se encontraban de civil en este lugar, estaban departiendo y tomando cerveza como de costumbre, como cualquier día normal. Pero uno de ellos que ya se encontraba en estado de embriaguez se lanza en la huida,  pensando que habían llegado en su captura. Este intento fue fallido porque los militares accionaron sus armas causándole la muerte. Legal o no legal lo hicieron y esto generó mucha confusión en el lugar desconociendo con certeza lo sucedido, casualmente los militares se acercaron al esposo de doña Martha preguntando su antigüedad en el lugar. Respondiendo nerviosamente dijo que llevaba muchos años viviendo allí, ellos lo tomaron y lo condujeron al sitio donde estaba el difunto miliciano para que lo identificara por su nombre o su alias, tímidamente lo reconoció y les afirmó quien era. Después de esto llegó un mensajero de parte de estos grupos armados al corregimiento para decirles que todos debían desalojar el lugar, es decir que estamos hablando de un desplazamiento forzado.

Naturalmente que los habitantes sintieron temor, muchos pensando en sus vidas decidieron obedecer y salir de allí dejando todo lo que habían conseguido con sus esfuerzos, solo 3 familias decidieron quedarse,  entre esas familias la de doña Martha, pero ellos decidieron hacerlo por temor a que su negocio fuera saqueado y además porque todo lo habían conseguido honestamente y con esfuerzo, todo su capital estaba allí.

Fueron informados que aquel que persistiera en quedarse le quitarían la vida, sin embargo ellos no pensaron que la situación seria tan grave hasta que llegaría lo inevitable. Estos grupos acostumbraban llamar a las personas y presentarse ante ellos para resolver cualquier situación, así fue como 3 personas fueron citadas por ellos como normalmente lo hacían pero no se imaginaron lo que iba a ocurrir, pues de los 3 solo se presentaron 2, un hombre y una mujer los cuales al llegar al encuentro los dispersaron ella por un lado y él por el otro, con violencia fueron amordazados y mientras él esperaba escuchó unos disparos e inmediatamente dedujo que habían ultimado la vida de ella. Pero por cosas de la vida y tratando de salvar su vida,  logró escapar corriendo hacia el monte donde incluso se perdió y duro 3 días en la fuga.

Afortunadamente los milicianos no lo encontraron y logró llegar nuevamente al corregimiento, con susto y mojado llegó a la casa de doña Martha contándole todo lo sucedido, persuadiéndola a que abandonara el lugar porque estaba en peligro su vida y la de toda su familia, mientras este señor recobró fuerzas huyo del lugar.

Doña Martha sintió temor porque veía que la situación era bastante delicada y empacaron lo que pudieron yéndose hacia Solano, municipio que lo más cercano, pero además se presentaron a una base militar para informar todo lo sucedido pero aunque los auxiliaron, ya no era mucho lo que se podía hacer. A pesar de todo esto ella recibió una notificación que debía presentarse ante el comandante encargado de estos grupos en la zona, pero ella conociendo lo delicado de esto ella decidió presentarse ante ellos. Le dijeron que si quería podía volver que no se preocupara, pero ella con todo lo sucedido decidió no hacerlo, por lo tanto se fueron para la ciudad de Florencia Caquetá, donde aunque los acogió su familia pasaron muchas necesidades.

Esto los llevó a tomar la decisión de irse a vivir a San Vicente del Caguán donde se creía que no los conocían y que habría oportunidad de subsistir administrando una finca, sin embargo antes de todo esto doña Martha había sido diligente y realizó lo pertinente para gestionar su vivienda en Florencia. Estando en San Vicente les informaron que su subsidio había dado resultado y pudieron hacerse a su casa propia, por lo tanto se desplazaron a vivir y radicarse en Florencia.

Doña Martha actualmente vive en un barrio de la ciudad de Florencia, es miembro de una asociación de mujeres que nos reservaremos su nombre por seguridad, ella está en proceso de restitución de tierras por parte del Gobierno pero argumenta que es un proceso muy lento, inclusive afirma que muchos que vivieron la misma situación, no lograron ver resultados y en estado de vejez murieron esperando esta garantía del estado, por eso a través de este proyecto de divulgación también se busca que el gobierno acelere este procedimiento e indemnice a los afectados de forma oportuna y les dé la prioridad que merecen.

DOÑA CECILIA

Con lágrimas en sus ojos a la que llamaremos Doña Cecilia, nos cuenta su historia que al igual que muchas familias han padecido con dolor un desplazamiento forzado, dejando atrás lo que con mucho esfuerzo han logrado.

En una vereda de La Montañita Caquetá vivía ella junto con su familia, un esposo trabajador y 4 hijos por sacar adelante, era una finca propia y que además junto con ellos vivía un hermano de ella y su respectiva familia, en la zona había presencia de grupos al margen de la ley. Ellos normalmente donde se encuentran cobran las llamadas “vacunas”, a todo aquel que viva en la misma zona, naturalmente la familia de doña Cecilia no era la excepción y de lo poco que tenían entre ello algunas cabezas de ganado, pagaban para no ser amenazados ni tener ningún tipo de problemas con estos grupos.

Doña Cecilia cuenta que hubo una época en que había tranquilidad pero realmente esto no fue duradero, ya que el lugar donde ellos vivían era un límite entre la guerrilla y los militares. Según afirma ella, en la semana casi todos los días había combates, era una zozobra constante porque no tenían tranquilidad. Normalmente a la hora del almuerzo empezaba la “balacera”, lo único que podían hacer era tenderse en el suelo y rogar a Dios que los guardara, sin embargo y de una forma valiente soportaron durante mucho tiempo esta situación. Ellos fueron una familia valiente porque no era solo soportar el sonido de las balas de parte y parte, sino exponerse a perder la vida. Incluso la vivienda es testigo con las muchas balas perdidas que marcaban el episodio de todos los días.

Sus hijos estudiaban en la escuela más cercana y luego pudieron continuar en un lugar poco más distante su bachillerato, para este fin el esposo de doña Cecilia compró una moto para que ellos se pudieran desplazar de la finca hacia el lugar de estudio, pero se presentaron unos inconvenientes con esto, porque los grupos al margen de la ley se adueñaban de las cosas o pertenencias de las personas, argumentando que tenían que contribuir con “la causa”, es por eso que esta moto cuando los pequeños iban a estudiar, la cogían para realizar sus “vueltas” y muchas veces cuando llegaba la hora de ellos dirigirse a su casa, estos hombres no la tenían lista para el transporte de sus verdaderos dueños.

Este panorama daba tristeza porque había impotencia por no poder hacer nada. Doña Cecilia tiene secuelas psicológicas de esta situación, además su familia también, cada vez que escuchan sonidos similares o de pólvora sus nervios se alteran, la pregunta es; quien va a reparar este daño causado?, Donde está la presencia del Estado en pro de las víctimas del conflicto?.

Como en muchas partes donde hacen presencia estos grupos piden su vacuna, pues doña Cecilia no fue la excepción, también tenía que pagar por cualquier cabeza de ganado, su hijo mayor cumplió sus 18 años, debía responder por resolver su situación militar así que él determino prestar su servicio militar en el ejército  y esto fue el detonante para que no pudieran seguir viviendo en este lugar. Pero no porque ellos no quisieran, sino porque les mandaron razón que debían retirarse del lugar porque “si no querían perder sus vidas”… Viendo el peligro latente y temiendo por sus vidas decidieron irse dejando todo lo que tenían.

Fue así como aumento su tristeza porque era todo lo que tenían, finalmente en una época de un mandato presidencial este lugar que habían habitado se convirtió en una zona segura, es decir, aquellos grupos insurgentes fueron desterrados por las fuerzas militares y la familia de Doña Cecilia al enterarse, lograron volver. Pero no volver a vivir allí sino volver para vender sus tierras y no perder el trabajo de toda su vida.

Corriendo con un poco de suerte lograron vender esta propiedad rápidamente y recuperar lo perdido, su familia ahora vive en Florencia y no podemos decir que fue un final feliz, porque aún quedan las secuelas psicológicas que es más doloroso que la pérdida material, porque no es fácil restaurar esa tranquilidad que un día tuvieron, ellos por ejemplo escuchan el sonido de la pólvora e inmediatamente se alteran y con justa razón, ojala el Estado Colombiano no se demorara tanto en reparar estas víctimas y prestar un apoyo psicológico con profesionales idóneos para ayudar estas familias.

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