Lunes, 25 Julio 2016 08:41

NO SIEMPRE LOS HIJOS ENTIERRAN A SUS PADRES

Escrito por Jonathan Gaviria Diafara/Estudiante Licenciatura Ciencias Sociales, Universidad de la Amazonia.

Solo las cicatrices del alma son las que jamás se borran, esas huellas imborrables que se sumergen en el tiempo y espacio siempre marcan pautas del sin-sabor que todo tiempo pasado “no todas las veces es mejor”.

Aunque la historia diga que Flavio fue un emperador Romano, no todos llegan con ese nombre a ser emperadores, pero si pueden tener su propia historia de amores y desamores, donde cada obstáculo no es más que una prueba de supervivencia.

 

Su nombre es Flavio Sergio Quiñones Prado. Tiene 72 años de edad, nacido en Barbacoas Nariño. Parte de su juventud la vivió junto con su madre y sus hermanos en una finca a doce minutos del municipio de Currillo Caquetá (aproximadamente), fue allí en donde se estableció por unos años, donde estudio hasta tercero de primaria y luego se dedicó a trabajar en la agricultura. Durante una ocasión tuvo que viajar a la ciudad de Cali, fue ahí donde conoció a la señora María InésEsterilla Angulosu actual esposa y con la cual decidieron radicarse totalmente en la finca. Fueron padres de doce hijos a los cuales siempre les inculcaron muchos valores para que su crianza fuera la más adecuada posible.

La educación de sus hijos siempre fue un reto muy grande, pues en la vereda endonde vivían, Fidelicias, la educación solo era hasta el grado quinto. Gracias al esfuerzo del señor Flavio y su esposa, tuvieron la oportunidad de hacerse propietarios de una vivienda en la ciudad de Florencia Caquetá, donde día a día con mucho esfuerzo trasladaron a sus hijos mayores para que continuaran con sus estudios y lograr así,  graduarse como bachilleres.

La vereda Fidelicias era un lugar tranquilo, donde habitaban personas muy agradables y tranquilas, además con el rio Caquetá cerca a sus viviendas y con el sonido de las aves, todo el tiempo era un lugar maravilloso y agradable para vivir con su familia. Sin embargo, no todo era tranquilidad, pues durante varias ocasiones esa paz que reinaba en sus viviendas fue perturbada por grupos armados (la guerrilla) que llegaban a su finca a hacer campamentos alrededor de su casa durante varios días.

Con la llegada de estos grupos armados el peligro rondaba la vivienda de don Flavio Quiñones, pues en varias oportunidades se escucharon ruidos de balaceras por los enfrentamientos que tenían con los militares, y dado tenía su vivienda expuesta al peligro constante, la intranquilidad para él y su familia perturbó la calma.

La tranquilidad y la paz regresaba a ellos cuando por fin estos grupos armados decidía irse de su finca y de los alrededores, todo regresaba a la normalidad, y podían continuar haciendo sus oficios del día a día.Siempre fueron una familia muy feliz y unida, y a pesar de que la mayoría de sus hijos estaba estudiando en la ciudad de Florencia, nunca fue un impedimento vivir felices, no eran perfectos, como en toda familia había disgustos, pero nada que no pudieran solucionar.

¡Hecho trágico para toda la familia!

Como era ya era costumbre, los hijos que estudiaban en Florencia, en sus vacaciones viajaban a la finca para ir de visita donde sus padres y demás hermanos.En una ocasión su hijo Flavio Fernando Quiñones Esterilla quien se acababa de graduar de bachiller y con el gran sueño de ser docente, recibe una propuesta de ir a buscar empleo en el municipio de Curillo Caquetá. Hace el viaje feliz y mientras esperaba una respuesta a ver si le daban el empleo, permaneceen la finca de su padre. Allí se dedicó por unos días a ayudarle con los trabajos de agricultura.

En el año 2002 cuando su padre en compañía de otro agricultor se vieron en la necesidad de enviar un cargamento de bultos de zapotes y pachas de plátano a Curillo, ya que ese fin de semana no tendrían demasiado cupo en la canoa donde se trasportarían. Entonces, el dueño de la canoa decide enviar a su hijo por el cargamento de don Flavio Quiñones, allí el joven le pide a Fernando Quiñones, el hijo de don Flavio, que por favor lo acompañe a Curillo  Caquetá; luego del permiso de su padre deciden viajar juntos.

Su llegada a Curillo fue normal, hicieron la tarea que sus padres les habían encomendado, luego cuando se iban a regresar a sus fincas, Fernando, tenía que hacer una última tarea que era ir a dejar una batería de su padre a un almacén cercano del puerto de la rampa, donde su amigo quedó de esperarlo. Pasaron unos minutos cuando llego una motocicleta muy sospechosa a la rampa donde el joven estaba esperando a Fernando, los de la moto empiezan a llamarlo pero él hace caso omiso a sus llamados, ya que por esos días era muy común la presencia de los paramilitares, él lleno de miedo optó como única reacción, empujar la canoa hacia abajo y lanzarse al rio Caquetá. La pareja de paramilitares al ver su reacción comienzan a dispararle sin ningún remordimiento pero su única salvación fueron las aguas del rio Caquetá que con su corriente lo arrastraron rio abajo pero quedaba Fernando hijo de don Flavio a quien lo siguieron hasta el almacén donde se encontraba fue ahí donde lo agarraron como a un criminal y se lo llevaron sin ninguna explicación, el dueño del almacén no pudo hacer nada pues no conocía a Fernando.

El joven sin darse cuenta de lo que había sucedido, regreso a la finca de don Flavio con la noticia del altercado que había tenido con estos criminales, ya que no se podía hacer nada pues la noche caía y sin saber del paradero de Fernando, esperaron hasta el amanecer; fue entonces cuando don Flavio viaja a Curillo para buscar a su hijo Fernando, en donde se encuentra con la triste y desagradable noticia de que a su hijo lo habían asesinado.

El tiempo para la familia de don Flavio se detuvo, pues una nube gris había caído sobre ellos y a pesar de que ya había sufrido la pérdida de su última hija quien falleció al nacer, esta dolorosa perdida de su hijo y hermano Fernando era algo con lo que no iban a poder continuar siendo felices. Ahora solo quedaba pedir justicia y aunque  ellos tenían claro que nada volvería a ser igual y que tampoco le devolverían la vida a Fernando si tenían claro que estos criminales que acabaron con la vida y sueño de su hijo tarde o temprano tendrían que pagar, solo debían dejar todo en manos de las autoridades.

Los siguientes años después del asesinato fueron difíciles, la angustia e incertidumbre invadían a la familia; ahora solo quedaba seguir sacando adelante a sus otros hijos pues en la finca todavía tenía a sus tres hijas menores que estaban terminando la primaria y que debía tomar la decisión de enviarlas a estudiar a la ciudad de Florencia y así fue.

Con todos sus hijos ya en Florencia Caquetá, solo quedaba don Flavio y su esposa en la finca, luego de permanecer casi siete años después de la muerte de su hijo y con la soledad que los invadía tomaron una decisión junto a sus hijos de vender la finca  para radicarse totalmente en la ciudad de Florencia donde volverían a estar juntos de nuevo.

Actualmente vive en la ciudad de Florencia donde permanece desde el año 2007 junto a su familia. A pesar de que no desempeña ninguna labor vive gracias a la ayuda de sus hijos, también ha recibido algunas ayudas humanitarias y aunque actualmente vive tranquilo y sin ninguna preocupación el recuerdo de la muerte de su hijo Fernando sigue intacto pues el reflejo de su mirada es de tristeza.

Agradece a Dios por haber cuidado a su difunto hijo, él sabe que donde quiera que esté, está muy bien y también agradece por todas las bendiciones que le ha dado, hasta ahora no ha tenido ningún otro inconveniente y vive tranquilo al lado de su familia.

 

Familia; esel valor social que desempeña cada una para los diversos caminos imprevistos, la de Don Flavio se viene sosteniendo sostiene a pulsoen pleno siglo XXI y es otra de tantas que sabe llorar pero también ríe con abundancia,  con libertad y con la pasión necesaria para que no se repitan los mismos versos de la muerte.

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